La prostituta virgen y los muertos
Habría cumplido ya dieciséis años cuando Ana Neri llega a Buenos Aires con los transbordos fabulosos que prometían ese único tren que pasa por Constancia. Ana que siempre vivió entre su campo y sus acacias no había conocido muchas cosas de las ciudades sino hasta ese momento. Estaba asustada y deslumbrada entre tanto trasbordo, a medida que se acercaba a la capital se veían cada vez mas edificios y más gente, pero sin duda que cuando llegó a la estación de Retiro sus ojos se vieron desbordados por tanto hierro y grandeza. Buenos aires como una Babel en eterna construcción la tomó a ella de la mano y la hizo caminar como embobada por entre sus calles. No dejaba de mirar los detalles en el hormigón que tenían las entradas de los edificios, no dejaba de mirar las altas ventanas y los altos techos con cúpulas de estilo francés, no entendía nada de arquitectura pero la saboreaba como jamás nadie lo hizo. Un agente de policía que trabajaba en la estación de trenes la vio descender sola con su bolso de mano, la vio esa tarde fría caminar en círculos una y otra vez, y cuando ya creía que se había ido aparecía una hora después caminando por los andenes.
-Buen día señorita, está perdida -. La interceptó el policía con una voz grave y arrogante
- Buenos días, no, bueno si. Estoy buscando a Marcela Goeytes
- Yo la puedo ayudar a encontrarla, pero esta es una ciudad muy grande ¿sabe?
Ana asintió con la cabeza.
Ana asintió con la cabeza.
-¿De dónde viene usted? ¿Tiene sus documentos?
-No los traje, los tiene mi tía allá en Constancia, soy de Constancia.
-¿Eso queda acá en Buenos Aires?
-Si
-Pero mientras tanto... ¿Usted de que va a vivir mientras este acá? -. El policía se muestra ahora con un tono preocupado- ¿Tiene familiares aquí?-. Ana niega desanimada.
-Mire, vamos a hacer una cosa... yo le voy a pagar ahora un café con leche así usted desayuna ¿tiene hambre no?-. Ana no contesta pero siente que le sube toda la sangre a la cara por la vergüenza.
- Después que usted desayune vamos a ir a ver a un amigo que le va a conseguir un trabajo. Así que no se preocupe que ahí usted va a tener su plata y me lo devuelve.
Ana estaba muy emocionada de tener tanta suerte apenas llegada a la ciudad, debe ser el grano de arroz que tiene en su mano. Le habían dicho varios en Constancia que sería bien recibida en cualquier lado donde vaya.
Ana fue acompañada por el policía a uno de los cafés más lujosos que estaban cerca de la estación y no pararon nunca en esos cafetines que rodeaban la estación como ella había imaginado.
El policía hace señas a unos mozos para que atiendan a Ana y luego se pone a intercambiar unas palabras con un encargado. Ambos sonreían y miraban de vez en cuando hacia donde estaba Ana sentada. Ella presintió, mientras elegía con su índice algunas cosas de la carta, que el trabajo prometido seria en ese lugar. Quizás como moza o ayudante de cocina. El policía por último se acerca a la mesa y le recomienda con voz muy baja
- Aquí va comer usted todos los días, las veces que usted lo desee. Pida aquí lo que quiera y cuanto quiera ¿me entiende?
Ana asiente agradecida
Ana fue acompañada por el policía a uno de los cafés más lujosos que estaban cerca de la estación y no pararon nunca en esos cafetines que rodeaban la estación como ella había imaginado.
El policía hace señas a unos mozos para que atiendan a Ana y luego se pone a intercambiar unas palabras con un encargado. Ambos sonreían y miraban de vez en cuando hacia donde estaba Ana sentada. Ella presintió, mientras elegía con su índice algunas cosas de la carta, que el trabajo prometido seria en ese lugar. Quizás como moza o ayudante de cocina. El policía por último se acerca a la mesa y le recomienda con voz muy baja
- Aquí va comer usted todos los días, las veces que usted lo desee. Pida aquí lo que quiera y cuanto quiera ¿me entiende?
Ana asiente agradecida
- El dueño de este lugar es muy amigo mío, el trabaja para un hombre muy importante acá en Buenos Aires, me entiende, le va a conseguir a usted el trabajo, hágales caso en todo y no les pregunte nada, no les gusta las preguntas.
Ana sonreía y solo murmuraba agradecimientos, el mozo traía a la mesa una elegante taza con café con leche, masas finas y una porción de torta. El tono del policía luego comenzó a cambiar como aquel primero en que le pidió sus documentos.
- Cualquier queja que me llegue de esta gente yo la meto presa ¿Me entendió? No me haga quedar mal.
- Cualquier queja que me llegue de esta gente yo la meto presa ¿Me entendió? No me haga quedar mal.









