La joven de los tres nombres y el periodista (Capítulo 4 - Parte 15)


Tres días después como decía la carta, Elías llega a esa dirección. Hipolito Yrigoyen 1370. Era un edificio de una arquitectura imponente "Ana Neri debe estar en lo más alto de la torre". Pensó.
Lo primero que notó con preocupación era que un linyera dormía cerca de la puerta. Con los últimos acontecimientos que lo van moviendo Elías no puede más que estar atento a todos los tipos de crotos que se cruza en la ciudad. Esos que vagan evitados por todos y a la vez invisibles por todos, le parecían ahora a Elías como posibles enemigos que están siempre vigilantes hacia algo y por alguien.
Pasó a su lado casi sin mirarlo, notó que el hombre levantó su cabeza y comenzó a seguirlo con la mirada, pero no se perseguía en vano con sus pensamientos y terminó ocurriendo lo que pensaba que iba a ocurrir. Cuando Elías ya se disponía a cruzar la puerta principal del edificio que marcaba la carta, el linyera comienza a chistarle. Elías se hace el desentendido y se dispone a empujar la puerta. El linyera se sienta entre sus cosas y se acomoda, dos perros cercanos lo miran y comienzan también a desperezarse y a menear la cola. La puerta del gran edificio se mostraba cerrada pese a los distintos intentos de Elías. No había tampoco en el lugar portero alguno. El linyera ahora le hace señas con la mano y lo llama en voz alta. Era un hombre que parecía ser muy alto, como un nórdico con ojos celestes y mechones de pelo rubio perdiéndose entre las canas y la mugre. Como los otros que había visto, llevaba también una gabardina larga y un collar vulgar con la figura de un toro. Pese al frio, el linyera tenía las botas a un lado y andaba descalzo con los pantalones arremangados.
- Oiga usted, lo estoy llamando
Elías ya no pudo desentenderse más.
- ¿Qué quiere?
- ¡Buenos días, acérquese hombre que no voy a andar a los gritos!
- No puedo tengo una cita en este lugar.
Le responde Elías ya sin mirarlo y con odio en la voz, entonces el vagabundo más calmo le dice lo que Elías temía y esperaba escuchar.
- Es que su cita es conmigo señor Elías. Venga para acá, tome asiento.
Se acerca y los perros del linyera se ponen atentos. El tufo del vagabundo se concentraba en ese lugar a pesar de estar en medio de la calle. La personalidad olvidada de Elías le ordena tomar algunos cartones que el linyera tenia desparramado en el lugar y los coloca prolijamente por el suelo antes de sentarse, el linyera lo espera paciente, pareciera acostumbrado ya a las muestras de asco que tienen al principio los nuevos miembros del circulo. Estos son siempre hijos malcriados de la hidalguía y el poder.
Ya sentado Elías nota que tres de los autos lujosos con los que vio siempre a Ana, pasaban por la avenida muy despacio hasta los estacionamientos que deberían ser del edificio.
- En este edificio trabaja uno de los caballeros del circulo-. Comenta el linyera mirándolo con unos llamativos ojos celestes- Los miembros como usted no suelen verlo nunca salvo excepciones exclusivas que así lo demanden, usted de ahora en más, va a tratar conmigo cuando necesite algo del circulo. Cualquier tipo de inconveniente que pudiera tener, usted puede contar con los favores del circulo. Todas estas cosas ya debiera habérselas explicado su padre... pero dado el hecho de que usted lo ha matado...-.
A Elías ya no le sorprendía nada, estaba completamente dócil a cualquier cosa que le entregue el devenir. Tan solo pregunta:
-¿Donde están todas las personas del hotel?
- Otra cosa que debió explicarle su padre es que usted no debe preguntar nunca, jamás, absolutamente nada al círculo. Haré esta vez como que no lo he escuchado. Usted aquí pide y el circulo decide si concede o no la gracia, habrá veces en que el circulo le pedirá algo y usted obedecerá sin preguntas. Recuerde que usted posee la gracia especial de haber nacido en el círculo gracias a que su padre era un miembro reconocido, pero más que nada... por el hecho de haberlo matado. Dos cosas desagradan a Moloch: las preguntas de los hombres y las debilidades de los hombres. Dos cosas agradan a Moloch: matar a un hijo o matar a un padre...en ese orden desde el principio de los tiempos.
El linyera queda en silencio y comienza a hacer los preparativos entre sus mantas como para volver a echarse. Elías pregunta con un tono irónico y desafiante:
- ¿Ya me puedo ir?
El linyera asiente y dice:
- Si. Una cosa más. Sepa usted que el circulo lo ha vuelto a la vida ya en dos ocasiones. Yo mismo, la primera vez en el año 1978 cuando fui médico, el círculo me llamo y me ordenó aplicarle la vieja alquimia para salvarlo cuando la tortura lo había doblegado. En este momento. Pregúntese a sí mismo como yo lo hago ¿Por qué el dios toro ha tenido todas esas consideraciones con usted? Yo le afirmo que de alguna forma usted le será útil para un designio... por ahora ambos lo desconocemos.
- Hasta luego.
- Hasta luego, ya sabe dónde encontrarme, mi nombre es Gabriel. ¡Ah! Me olvidaba, despreocúpese del hotelucho ese, ya se hicieron los trámites y se encuentra asentado todo a su nombre.

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