LA AHORCADA
Semanas después de abrir su malogrado local de "Compra venta de sueños" Elías Aceval había suspendido sus caminatas. Estaba allí todo el día a la espera de algún comprador. Esa noche cerró su negocio y caminó por el parque San Martín, cerca de la torre de los ingleses se topó con una gente reunida al pie de un gran jacaranda. Desde una de sus ramas aun se balanceaba una mujer ahorcada, Elías no lo dudó ni un momento, una cicatriz cruzaba su cara, era esa mujer que lo había salvado sin conocerlo. Se llamaba Marcela o al menos así escuchó que la llamaban antes de desvanecerse en el parque.
Claramente ella no se había suicidado, claramente el hecho de que estuviera en ese mismo lugar del parque era un mensaje para él. La gente murmuraba y se iba sumando al pie del árbol. Una mujer mayor solo se tapaba la boca con ambas manos y no podía dejar de mirar aquella imagen. Elías se acercó a ella y le preguntó si alguien había visto algo.
- Si, le responde la mujer encandilada de espanto ante el cuerpo pendular. - sí,
Claramente ella no se había suicidado, claramente el hecho de que estuviera en ese mismo lugar del parque era un mensaje para él. La gente murmuraba y se iba sumando al pie del árbol. Una mujer mayor solo se tapaba la boca con ambas manos y no podía dejar de mirar aquella imagen. Elías se acercó a ella y le preguntó si alguien había visto algo.
- Si, le responde la mujer encandilada de espanto ante el cuerpo pendular. - sí,
-¡Quien fue el que vio como se ahorcaba!
- El linyera que está ahí vio todo, vio cuando ella se suicidó-. La mujer señala a un viejo sentado a lo lejos, relajado y rodeado por muchos perros en un banco del parque. Era Gabriel, Elías tiene miedo, miedo como hacía tiempo no sentía, sin embargo comienza a acercarse.
- Buenas noches Elías Aceval... Mauricio Borghi o como quiera que se llame.
- Buenas noches Elías Aceval... Mauricio Borghi o como quiera que se llame.
Elías guarda silencio.
- Ya sé lo que le aqueja, usted se pregunta por qué la mujer que cuelga desde ese árbol fue expulsada del círculo. Las cosas se habían salido de control por unos minutos y el caballero del círculo nos exigía la muerte de un nombre. Nombre que usted bien conoce al parecer, el nombre de Marcela fue tomado... en cambio Ana es una de las más distinguidas dentro del círculo.
- Ya sé lo que le aqueja, usted se pregunta por qué la mujer que cuelga desde ese árbol fue expulsada del círculo. Las cosas se habían salido de control por unos minutos y el caballero del círculo nos exigía la muerte de un nombre. Nombre que usted bien conoce al parecer, el nombre de Marcela fue tomado... en cambio Ana es una de las más distinguidas dentro del círculo.
El linyera se tomó un tiempo en volver a ponerse sus zapatos, Elías no sabía la razón que encontraba en descalzarse con esas temperaturas. Mientras ataba los cordones su collar de toro se mostró funesto y también comenzó a balancearse como aquel cuerpo. El viejo Gabriel continuó:
- El mismo día que en este parque, usted salvó su vida e ingreso al círculo, hubo algunas cosas que nos llamaron sugestivamente la atención. La primera es, le cuento... Esta mujer que ahora cuelga desobedeció una de nuestras ordenes y escapó de la vista de los guardias durante muchas horas, luego esos guardias y el sacerdote encuentran un tumulto exacerbado dentro de este parque, justo debajo de ese árbol, se acercan y se les revela algo... Allí estaba usted tirado en el piso, convulsionando, tratando de entregarle su anillo de membrecía. ¿No lo encuentra extraño usted?
- El mismo día que en este parque, usted salvó su vida e ingreso al círculo, hubo algunas cosas que nos llamaron sugestivamente la atención. La primera es, le cuento... Esta mujer que ahora cuelga desobedeció una de nuestras ordenes y escapó de la vista de los guardias durante muchas horas, luego esos guardias y el sacerdote encuentran un tumulto exacerbado dentro de este parque, justo debajo de ese árbol, se acercan y se les revela algo... Allí estaba usted tirado en el piso, convulsionando, tratando de entregarle su anillo de membrecía. ¿No lo encuentra extraño usted?
El linyera ya con las botas puestas comienza a acariciar amorosamente a los perros y mirando a la cara a uno de ellos sigue relatando.
- Más extraño aun, fíjese, otra mujer del círculo pide la gracia a uno de sus sacerdotes para hablar con un hombre condenado a muerte. Las condiciones que da el ungido a la mujer son las permitidas, aquellas que siempre existieron dentro del círculo: se concede despedirse de un ser querido, la condición es que ella misma fuese la que aplicará los venenos al condenado. Así sucedió. Luego esa mujer por alguna razón que no logramos descifrar... sabe de antemano, aun antes que usted, que en un bolso debajo del colchón se encontraba el anillo que perteneció a la familia Aceval. La mujer sabía que usted era el hijo único de Alberto Aceval y también sabía que usted tenía derecho a él. Qué curioso todo. Quizás si usted pudiera darme la gracia sobre todo este enrollo. Yo a cambio podría darle también un favor.
- Más extraño aun, fíjese, otra mujer del círculo pide la gracia a uno de sus sacerdotes para hablar con un hombre condenado a muerte. Las condiciones que da el ungido a la mujer son las permitidas, aquellas que siempre existieron dentro del círculo: se concede despedirse de un ser querido, la condición es que ella misma fuese la que aplicará los venenos al condenado. Así sucedió. Luego esa mujer por alguna razón que no logramos descifrar... sabe de antemano, aun antes que usted, que en un bolso debajo del colchón se encontraba el anillo que perteneció a la familia Aceval. La mujer sabía que usted era el hijo único de Alberto Aceval y también sabía que usted tenía derecho a él. Qué curioso todo. Quizás si usted pudiera darme la gracia sobre todo este enrollo. Yo a cambio podría darle también un favor.
- No puedo...- explica Elías - yo tampoco sé lo que ha pasado esa tarde. No sé cómo es que ambas mujeres actuaron de esa forma. Solo puedo decirle que Ana es la hija que tuvo Alberto Aceval con una mujer del pueblo de Constancia. Ana es mi hermana, Nada más se, quizás esta información le sirva para dejarla...
El linyera estaba intrigado y lo inspeccionaba con sus grandes ojos celestes, lo interrumpe desganado.
- Le creo, usted es un caballero. Un poco loco, pero un caballero. Yo empecé a servir al dios toro hace ya algunos años, algo parecido a usted ¿Sabe? Él hace terminar a uno con todo el apego por este mundo, solo en un hombre que no desea nada del mundo el dios toro puede depositar su confianza. Entonces el destruye todo en sus ungidos...tanto por dentro como por fuera. ¿No se ha dado cuenta? Tan de a poco, tan de apoco se está convirtiendo en un sacerdote del circulo. ¿Acaso no se ha visto a un espejo últimamente?
El linyera estaba intrigado y lo inspeccionaba con sus grandes ojos celestes, lo interrumpe desganado.
- Le creo, usted es un caballero. Un poco loco, pero un caballero. Yo empecé a servir al dios toro hace ya algunos años, algo parecido a usted ¿Sabe? Él hace terminar a uno con todo el apego por este mundo, solo en un hombre que no desea nada del mundo el dios toro puede depositar su confianza. Entonces el destruye todo en sus ungidos...tanto por dentro como por fuera. ¿No se ha dado cuenta? Tan de a poco, tan de apoco se está convirtiendo en un sacerdote del circulo. ¿Acaso no se ha visto a un espejo últimamente?
El linyera comienza a reírse exacerbadamente, cosa insospechada por Elías quien lo consideraba una persona grave y fría. La risa despertó la curiosidad de los contrariados que se acercaban al cuerpo, cadáver que aun oscilaba desde ese inmenso jacaranda. Elías se mira y nota que las palabras del linyera Gabriel eran acertadas. Sin darse cuenta, vestía como uno de esos siniestros linyeras del círculo. Antes de que la conversación termine Elías pide algo:
- Quiero un favor de ustedes.
- Quiero un favor de ustedes.
- Muy bien. ¿Cual hombre? Dígalo. ¿Tiene algún problema? ¿Alguien lo molesta?
- Quiero ver a una de sus mujeres.
- ¿A esa, la que usted dice que es su hermana? Eso es una sorpresa, créame, nosotros sabemos mucho de nuestras familias, después de todo el circulo es una gran y antigua familia... pero como en toda familia hay secretos y todo esto aun no deja de sorprendernos.
El linyera se levanta y comienza a caminar rumbo a dos policías que recién llegaban al lugar. Continúa hablándole a Elías mientras se aleja en compañía de los perros.
- Claro que si, despreocúpese, para eso están esas mujeres. Ahora voy a prestar mi testimonio a estos oficiales, discúlpeme.
- Claro que si, despreocúpese, para eso están esas mujeres. Ahora voy a prestar mi testimonio a estos oficiales, discúlpeme.

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