LA VUELTA
A los pocos minutos en que Ana abandona aquel negocio improvisado de la estación de Retiro. Elías Aceval comienza a especular posibles formas de escape. Debía liberar a Ana Neri de aquella esclavitud aciaga que la cerraba sin aire lentamente. Como esas mariposas que atrapan en el juego los niños para colocarlas luego dentro de un frasco. Aquel milagro único termina solo como un entretenimiento para la crueldad, la metamorfosis más íntima es observada solo como una lenta agonía entre paredes de vidrio.
¿Cómo sacarles esa mariposa a esos niños orgullosos y crueles? De nada serviría explicarles, de nada serviría tratar de entrar en razón. Esos niños son demonios en cuerpo de hombre y solo los convence una solo cosa. Esa cosa que adoran con todo su corazón: el poder que aplasta y explota.
Elías Aceval se imaginaba siguiendo los pasos de ese auto azul. Ella le dijo una vez que la tenían siempre encerrada en un hotel lujoso. Debía encontrar ese frasco de vidrio y rescatarla... en todas esas cavilaciones se encontraba Elías aquella larga noche del 6 de mayo, cuando Ana Neri volvió a cruzar la puerta, mojada y temblorosa como la primera vez pero con un espanto que nunca le imaginó.
- Las voces me han ayudado a hacerlo, me he escapado. Están buscándome, vendrán para acá.
¿Cómo sacarles esa mariposa a esos niños orgullosos y crueles? De nada serviría explicarles, de nada serviría tratar de entrar en razón. Esos niños son demonios en cuerpo de hombre y solo los convence una solo cosa. Esa cosa que adoran con todo su corazón: el poder que aplasta y explota.
Elías Aceval se imaginaba siguiendo los pasos de ese auto azul. Ella le dijo una vez que la tenían siempre encerrada en un hotel lujoso. Debía encontrar ese frasco de vidrio y rescatarla... en todas esas cavilaciones se encontraba Elías aquella larga noche del 6 de mayo, cuando Ana Neri volvió a cruzar la puerta, mojada y temblorosa como la primera vez pero con un espanto que nunca le imaginó.
- Las voces me han ayudado a hacerlo, me he escapado. Están buscándome, vendrán para acá.
Elías afianzó resuelto el cuchillo de su padre, la tomó de la mano y comenzaron sin mediar más palabras a caminar rápidamente por unas calles que se alejan de la estación y llevan a los suburbios. Ana caminaba aun descalza pero cubierta con el sobretodo mugriento de Elías. Ella solo pensaba que en cualquier momento los guardias y el linyera aparecerían frente a ellos desde una esquina.
Elías en cambio caminaba seguro y resuelto a todo. Escuchaba atentamente los motores de los autos pues reconocía cual era el sonido que hacía el auto lujoso de color azul. También seguía pensando absurdamente en esas comparaciones entre mariposas, frascos y niños cazadores. Esa mariposa que pensaba Elías rescatar, volvió para rescatarlo.
Después de caminar tres cuadras se detuvieron frente a un auto tapado por las hojas del otoño, las ruedas estaban bajas a simple vista, de igual forma él las pateó como si asegurara de algo que ya era evidente. Abre el auto e intenta de diferentes maneras darle encendido, no responde. Su batería está muerta. Ana se comienza a desesperar y a exclamar maldiciones y llanto. Elías no lo recuerda ahora, pero ya de niño él la ha hecho llorar muchas veces, sobre todo cuando le robó su gorrión muerto en los jardines de la estancia Villa Hayes. Elías nunca había imaginado que podría verla llorar y también él comenzó a exasperarse tanto en el auto como en hacerla calmar. De repente Ana se calmó. Elías la miró sorprendido como si una tormenta desatada callara de repente. Ella estaba mirando para un lugar de la calle. Elías ve un policía aproximarse cautelosamente, seguramente los venía ya siguiendo.
-Buenas noches-. Era un hombre delgado con un tono altivo y un bigote prolijamente afeitado. Su mano derecha estaba apoyada dentro del cinturón y cerca del arma.
Elías en cambio caminaba seguro y resuelto a todo. Escuchaba atentamente los motores de los autos pues reconocía cual era el sonido que hacía el auto lujoso de color azul. También seguía pensando absurdamente en esas comparaciones entre mariposas, frascos y niños cazadores. Esa mariposa que pensaba Elías rescatar, volvió para rescatarlo.
Después de caminar tres cuadras se detuvieron frente a un auto tapado por las hojas del otoño, las ruedas estaban bajas a simple vista, de igual forma él las pateó como si asegurara de algo que ya era evidente. Abre el auto e intenta de diferentes maneras darle encendido, no responde. Su batería está muerta. Ana se comienza a desesperar y a exclamar maldiciones y llanto. Elías no lo recuerda ahora, pero ya de niño él la ha hecho llorar muchas veces, sobre todo cuando le robó su gorrión muerto en los jardines de la estancia Villa Hayes. Elías nunca había imaginado que podría verla llorar y también él comenzó a exasperarse tanto en el auto como en hacerla calmar. De repente Ana se calmó. Elías la miró sorprendido como si una tormenta desatada callara de repente. Ella estaba mirando para un lugar de la calle. Elías ve un policía aproximarse cautelosamente, seguramente los venía ya siguiendo.
-Buenas noches-. Era un hombre delgado con un tono altivo y un bigote prolijamente afeitado. Su mano derecha estaba apoyada dentro del cinturón y cerca del arma.
-Buenas noches-. Respondieron ambos. Ana reconocía aquel hombre, era el policía que la llevó aquella primera vez desde la terminal de trenes hacia el círculo. El policía también la reconoció.
- Tengo un problema con la batería. Si tan solo pudiera empujar el auto- Elías se mostraba sonriente- este auto arranca enseguida, solo necesita unos metros.
- Permítame su documento y los documentos del auto.
Elías comienza a revolver la guantera, el policía mira severo a la mujer tensa a punto siempre de hacer algo. Elías saca el anillo maldito de su bolsillo y lo coloca rabioso en su mano derecha. Pensar que en estos días estuvo a punto de arrojarlo a la basura.
Aquí tiene. Elías le acerca una documentación a nombre de Mauricio Borghi, el policía ni llega a leerla y solo se detiene en observar el anillo.
- Es un cliente muy extravagante -Ana dice por lo bajo al policía - Un miembro importantísimo dentro del círculo.
- Yo les voy ayudar a empujar este auto -. Dice el policía
Después de dos intentos el auto se pone en marcha rumbo a Constancia. Esa noche también un enjambre de enardecidos autos azules buscaba algo perdido.
- Tengo un problema con la batería. Si tan solo pudiera empujar el auto- Elías se mostraba sonriente- este auto arranca enseguida, solo necesita unos metros.
- Permítame su documento y los documentos del auto.
Elías comienza a revolver la guantera, el policía mira severo a la mujer tensa a punto siempre de hacer algo. Elías saca el anillo maldito de su bolsillo y lo coloca rabioso en su mano derecha. Pensar que en estos días estuvo a punto de arrojarlo a la basura.
Aquí tiene. Elías le acerca una documentación a nombre de Mauricio Borghi, el policía ni llega a leerla y solo se detiene en observar el anillo.
- Es un cliente muy extravagante -Ana dice por lo bajo al policía - Un miembro importantísimo dentro del círculo.
- Yo les voy ayudar a empujar este auto -. Dice el policía
Después de dos intentos el auto se pone en marcha rumbo a Constancia. Esa noche también un enjambre de enardecidos autos azules buscaba algo perdido.

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