La joven de los tres nombres y el periodista (Capítulo 4 - Parte 21)


Aunque ninguno de los dos ya lo recuerden, no podría ser de otra manera, si la historia comienza en el pueblo de Constancia la historia también debería de terminar ahí.
Los lugares atraen y los hombres ponen sus excusas. El plan de Elías era demasiado sencillo pero sin embargo entusiasmó a la esperanzada Ana. Si aquel hombre llamado Atalaya había podido poner resistencia por tantos años al asedio infatigable de su padre. Sin duda que los montes impenetrables de acacia negra eran el lugar más propicio para esconderse y terminar sus días. Él también recordaba a un amigo allá. Un hombre simple llamado Fierro. Un hombre que podría ayudarlos. Tomaron los caminos provinciales más intransitables y evitaron siempre que pudieron las rutas largas que llevaban a Constancia. El círculo tenia hombres en todos los rincones y ellos dos ya no podían mirar a otro ser humano a la cara sin ver a un enemigo. El viaje fue largo y estresante, el cielo se había nublado por completo y en cualquier momento iba a producirse una tormenta. Elías maldecía aquello sin poder controlarse, para él aquello era parte de una maldición. Los caminos que recorrían se hacían a veces intransitables aun con la tierra seca. Una lluvia grande los encajaría sin posibilidad alguna. Pese al estrés de Elías, Ana logró dormirse algo antes del amanecer. Aun les faltaba recorrer la mitad del trayecto.
- ¡Corre!
Ana despierta y se encuentra con el auto detenido. Media aun dormida pero alerta, nota por la ventana que unos autos y unos hombres armados se acercaban delante por el camino. Elías abre la puerta por encima de ella y la empuja del auto. Una vez en tierra ella nota que el mayor grueso de hombres venía por el camino andado. Los inconfundibles autos azules avanzaban lentamente para cerrarlos. Elías vuelve a gritarle con enojo
- ¡Corre, corre dentro del campo, ve hacia al oeste y no te alejes demasiado del mar! Por ahí te vas a encontrar con las primeras acacias de Constancia.
- ¡No quiero separarme, que nos maten juntos!
- ¡Hay cosas peores que la muerte, vos me lo has dicho! Nos encontramos allá ¡Corre, vamos!
Ana se recuerda descalza como cuando era niña, corriendo libre por el campo con sus hermanas muertas, tan solo esquivando los pozos que las mulitas, los cuises, las liebres. Tan solo esquivando espinas y cardos. Esquivando al viento sur, atenta siempre de no toparse con la luz mala llegada la noche. Ahora sonaban estruendos de escopetas, de rifles y pistolas que rebotaban en la tierra seca. No disparaban a Elías, la primera presa a escarmentar era ella, acertadamente él así lo supuso. Los motores de los autos comenzaron a rugir y a chocarse, ella se imaginó que Elías Aceval estaba tratando de eludirlos con su auto, en realidad en ese momento él solo pensaba en distraerlos para que ella pudiera perderlos, sin embargo encontró un margen de tierra para huir. Ana se lo imaginó también acribillado y al costado del camino. Sorpresivamente Elías había podido escapar aun vivo por el camino ya andado. Solo un disparo de escopeta había alcanzado otra vez su hombro derecho y una parte de la cara.
Lo que más le preocupaba entre su furia y su sangre es que Ana Neri había olvidado su bolso negro con el veneno. Aquel frasco azul era su única oportunidad si lograban atraparla viva. Para los que nacen en el círculo hay cosas peores que la muerte.
Ana corrió y corrió veloz como nunca, solo se detuvo cuando unos alambres se le cruzaron al paso. Elías tenía razón, el mar y Constancia se presienten como una brújula interna. En lo que él ha fallado... es en anticipar a la tormenta como una maldición. Aquella furia del cielo se desplomó contenida. El agua y el viento eran tan intensos que por momentos Ana Neri parecía estar nadando en vez de correr. Todos aquellos hombres no podrían más que seguir a pie dentro de unos minutos. La providencia la ocultaba con una mano líquida, furiosa y feliz.
¿Y Elías? Estaba preocupada, solo esperaba que el pudiese alguna vez alcanzarla. Como en todas sus vidas.
FIN


0 comentarios:

Publicar un comentario

Buscar este blog